Reflexiones en torno a la transformación digital

  • 16 Jan 2020
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El pasado 14 de enero asistí a una interesante master class organizada por Adegi y el Instituto de Empresa que contó con la participación de Bernardo Crespo, uno de los mayores expertos en transformación digital. Crespo nos ofreció una visión más que generosa en la que indudablemente la clave la sitúa en el cliente, que se configura como la fuente que permite modificar y construir nuevos modelos de negocio. Todo ello apoyado por tecnologías asociadas a la transformación digital como medio para modelizar a los clientes, sus costumbres, identificar qué funciona y aporta valor de verdad.
 
Crespo también nos situó ante un concepto de transformación digital sin duda ambicioso que tiene como objetivo la disrupción en el modelo de negocio frente a una concepción limitada, orientada a eficientar los modelos actuales. Esta visión que algunos apreciarán como un doble mortal con tirabuzón es, sin embargo, interesante y necesaria si lo que realmente aspiramos es a construir modelos realmente disruptivos y con recorrido en la nueva economía. 
 
Este planteamiento, bajo mi punto de vista, requiere de forma inevitable esquemas de colaboración entre empresas verticalizadas y especializadas en ciertos sectores. Una suma entre empresas que cuentan con el contacto con el usuario final y empresas tecnológicas que proporcionan las capacidades y las herramientas que permiten explorar nuevos modelos de negocio. 
 
Esta colaboración tiene que hacer frente al freno que pueden suponer las inercias y resistencias asociadas al miedo a “compartir” valor, puesto que en esa exploración de los nuevos modelos de negocio la aportación y capacidad de creación e innovación no es exclusiva de ninguna de las partes. 
 
No se trata solo de compartir costes o inversiones (algo a lo que estamos más habituados), sino de compartir conocimiento y descubrir conjuntamente las claves de aportación de valor. Ahí estamos ante una de las partes del doble mortal con tirabuzón al que me refería.
 
Algo que también subrayó Bernardo Crespo en su intervención es el giro que la transformación digital debe realizar hacia la utilización de las tecnologías de forma ética y sostenible. Debemos aprovechar el efecto polarizador que la agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas (ODS) están empezando a ejercer sobre nuestra sociedad. Estos marcos de referencia están ya marcando tendencias de compra (que se lo cuenten a Apple y su nueva campaña orientada a identificar al usuario como único propietario de los datos e información que ha generado), afectando a las propias estructuras de gobierno (vicepresidencia de transición ecológica en el nuevo Gobierno de España) o configurando productos y ofertas específicos (fondos de inversión verdes, contratos de energía 100% verde …).
 
Estamos hablando de rescatar la transformación digital de un uso donde se prioriza el resultado económico del negocio hacia su aplicación para potenciar un uso ético de los datos y de todas aquellas actividades alineadas con los 17 objetivos de desarrollo sostenible que ya se están incorporando a la agenda de las sociedades mundiales.

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