Industria y tecnología, alianza para la competitividad empresarial española

Javier Aguilera, director general de Ikusi España
Afirmar que la industria está viviendo un período de transformación no constituye ninguna novedad. Es consustancial al sector. Pero hoy, esa evolución se ha visto acelerada por las oportunidades que brinda el progreso digital. La industria actual necesita algo más que eficiencia operativa o capacidad productiva: necesita tecnología integrada de forma inteligente, segura y alineada con el negocio. La relación entre industria y tecnología ya no es una opción estratégica, sino una condición indispensable para competir en un entorno cada vez más exigente y globalizado.
Paralelamente, el sector tecnológico vive un momento especialmente positivo, marcado por la rápida adopción de nuevas capacidades como la inteligencia artificial. Pero este avance no se produce en abstracto: impacta directamente en la industria, especialmente en los entornos críticos y en aquellos sectores donde la resiliencia, la conectividad y la seguridad son determinantes.
Uno de los cambios más relevantes de los últimos años es el papel que juegan los servicios tecnológicos en los proyectos industriales. Lo que antes se concebía como un complemento o un acompañamiento hoy es parte de la estrategia de negocio.
En el ámbito de las infraestructuras críticas, por ejemplo, la inversión en comunicaciones y ciberseguridad se ha multiplicado de forma exponencial. En los últimos cinco años el peso de la parte digital dentro de proyectos complejos se ha quintuplicado. Esto significa que, desde las fases iniciales de diseño y planificación, la conectividad y la seguridad digital tienen el mismo nivel de criticidad que otros elementos clave del proyecto.
La industria actual es conectada, automatizada y distribuida. Y eso la hace más eficiente, pero también más expuesta. La digitalización impulsa la competitividad, pero solo si se construye sobre cimientos tecnológicos sólidos.
Ciberseguridad: el desafío de las pymes industriales
En este nuevo contexto, la ciberseguridad se ha convertido en una prioridad absoluta. Sin embargo, no todas las empresas parten del mismo punto. España cuenta con un tejido industrial donde predominan las pequeñas y medianas empresas, y ahí el reto es especialmente complejo.
Mientras que las grandes organizaciones suelen disponer de recursos, equipos especializados y capacidad para atraer talento, muchas pymes industriales carecen aún de las herramientas, el conocimiento y la estructura necesarios para protegerse adecuadamente. No se trata solo de tecnología, sino de estrategia, cultura y acceso a capacidades especializadas.
Este desequilibrio introduce un riesgo claro: a medida que la industria avanza en digitalización, aquellas empresas que no integren la ciberseguridad desde el inicio quedarán más expuestas y perderán competitividad. En este contexto, la colaboración con partners tecnológicos especializados se vuelve un factor clave para cerrar esa brecha.
La evolución normativa también ha jugado un papel decisivo. Marcos regulatorios como NIS2 o DORA han impulsado una visión más madura de la seguridad en entornos industriales y de servicios críticos. Hoy, la ciberseguridad se concibe al mismo nivel que la seguridad física o la disponibilidad operativa.
Este impulso regulatorio ha tenido un efecto positivo: la seguridad ya no se añade al final del proyecto, sino que se integra desde su concepción. Esto ha elevado el estándar del sector y ha ayudado a reforzar la resiliencia de infraestructuras esenciales para la sociedad.
Inteligencia artificial: el nuevo factor diferencial
Pero, si hay una tecnología que marcará diferencias claras en los próximos años, esa es la inteligencia artificial, que se presenta como una herramienta tangible para mejorar procesos, optimizar operaciones, anticipar fallos o tomar mejores decisiones.
La advertencia es rotunda: quien no se incorpore a esta ola tendrá dificultades para competir, incluso a corto plazo. En apenas uno o dos años ya se están observando brechas significativas entre las organizaciones que han empezado a aplicar estas capacidades y las que no. Para la industria —y especialmente para las pymes— la clave no está en adoptar tecnología por moda, sino en hacerlo con sentido, alineando la IA con los objetivos del negocio y apoyándose en socios que comprendan tanto la tecnología como el entorno industrial. En Ikusi, acompañar a la industria en este camino significa entender sus retos, hablar su lenguaje y convertir la tecnología en un verdadero habilitador de valor. Porque cuando industria y tecnología avanzan juntas, el impacto va mucho más allá de la eficiencia: se traduce en competitividad, sostenibilidad y futuro.