¿Puede la red ayudarte a detener un ataque de ransomware?

La respuesta es contundente. Sí, la red es un elemento crítico a la hora de frustrar un ataque de ransomware. Es mucho más que la infraestructura que conecta personas y aplicaciones. También ayuda a protegerlas frente al ransomware y otras amenazas avanzadas.
Como en cualquier ámbito relacionado con la ciberseguridad, la prevención es la mejor defensa. Y qué mejor que ir construyendo las barreras que nos librarán de los ciberataques desde los propios cimientos, es decir, desde la infraestructura de red, desde la primera capa.
La red ha dejado de ser el convidado de piedra cuando hablamos de ciberseguridad. Forma parte activa de la estrategia. Una arquitectura de Secure Networking permite detectar comportamientos anómalos, segmentar accesos y limitar los movimientos laterales de un atacante antes de que el impacto sea crítico.
Pero también ocurre de forma habitual que los ciberataques logran superar los diques de contención a través de los usuarios. Seguimos siendo el principal foco de peligro. La mayoría de los ataques de ransomware comienzan mediante phishing, robo de credenciales o ingeniería social. La protección de identidades y accesos es fundamental. La validación continua de identidad, contexto y estado de seguridad ayuda a evitar que una intrusión se convierta en una crisis empresarial.
De ahí que se imponga la necesidad de habilitar políticas estrictas de qué usuarios son confiables y quiénes no lo son. Es aquí donde convergen Secure Networking y Zero Trust. Mientras Zero Trust establece el principio de que ningún usuario, dispositivo o aplicación debe ser considerado confiable por defecto, Secure Networking proporciona las capacidades necesarias para aplicar ese principio en la infraestructura: control de acceso basado en identidad, segmentación de la red, automatización de políticas y monitorización continua.
A este listado de capacidades hay que añadirle una más: la visibilidad como elemento clave para responder más rápido. visibilidad continua de usuarios, dispositivos y aplicaciones para identificar indicadores de compromiso antes de que el ransomware alcance sistemas críticos.
Pero, por muy altas que sean las murallas construidas para evitar ataques de ransomware, el riesgo cero no existe. Por eso, más allá de impedir ataques, las organizaciones centran sus esfuerzos en asegurar la continuidad de la operación. La resiliencia es tan importante como la protección porque una organización resiliente no es aquella que nunca sufre un ciberataque, sino aquella capaz de contenerlo, adaptarse y recuperar la normalidad con rapidez.
En la lucha contra el ransomware, la prevención sigue siendo esencial. Pero la verdadera diferencia la marca la capacidad de limitar el impacto de una brecha. Por eso, visibilidad, segmentación, control de acceso y automatización son hoy factores determinantes para proteger los activos críticos y garantizar la continuidad de la operación.
Porque la ciberseguridad ya no empieza en el perímetro: empieza en la propia red.